Estaba cansado de sentirme constantemente apático después del almuerzo, así que decidí dar un salto culinario a la Edad de Piedra. La dieta Paleo, a menudo llamada la dieta del cavernícola, sonaba bastante intimidante al principio. Las reglas eran estrictas: absolutamente nada de lácteos, ni cereales, ni legumbres y, por supuesto, nada de azúcares refinados. Mi despensa se limitó de repente a carne de alta calidad, pescado salvaje, huevos, verduras frescas, frutas de temporada y frutos secos. Básicamente, si un humano primitivo no podía cazarlo o recolectarlo, no entraba en mi plato.
Sinceramente, la primera semana fue una gran lucha. Echaba de menos mis tostadas calientes por la mañana y mis cremosos lattes por la tarde. Sin embargo, en la segunda semana, se produjo un cambio notable. Mis niveles de energía se estabilizaron y el temido bajón de las 3 de la tarde desapareció por completo. Empecé a ponerme muy creativo en la cocina, asando coloridos tubérculos y descubriendo la versátil magia de la harina de almendras. Aunque comer fuera de casa a veces resultaba complicado, la claridad mental y la vitalidad física que gané hicieron que las restricciones dietéticas valieran totalmente la pena. Recomiendo encarecidamente darle una oportunidad a este enfoque ancestral.
Para ayudarte a comenzar tu propio viaje, hemos compilado una lista de recetas paleo para ti.